martes, 3 de marzo de 2015

Domingo II de Cuaresma

Desde el inicio de este tiempo litúrgico, la Iglesia nos habla de “un camino cuaresmal” que hay que recorrer, lenta pero firmemente, con la intención de vivir una Pascua diferente que llene de gozo y fortaleza nuestra entrega. Apoyándonos en las lecturas de este domingo, te propongo un camino para hacer durante esta semana: subir, contemplar, escuchar, vivir.

El subir implica todo un camino de ascenso, como el de Abraham para obedecer a Dios y sacrificar a su hijo; o como el de Jesús con sus discípulos para tener una experiencia fuerte de Dios. Subir a la montaña para encontrarse con Dios. Subir para separarse un poco del acoso del trabajo diario y de los problemas que nos abruman. Subir para mirar desde arriba el sentido y el contenido de lo que estamos haciendo. Necesitamos subir en esta Cuaresma y encontrarnos con el Dios de la Vida y del Amor, que a veces nos pide más esfuerzo y otras nos llena con su presencia y su bendición.

El contemplar es admirar agradecido al Señor que hace tantas cosas bellas por nosotros. Contemplar como Abraham que se rinde en obediencia ante el plan de Dios y encuentra en un matorral la respuesta a su generosidad. Contemplar como los discípulos de Jesús que se extasían ante la belleza de su Maestro y lo descubren como la plenitud de la Ley y los Profetas. Contemplar es gozarse en la experiencia serena de Jesús, que cubre y llena y fortalece, porque su presencia no angustia sino que plenifica y compromete. Necesitamos contemplar para entrar en la nube de Dios y sentir que somos sus amigos.

El escuchar es estar atento a la voz de Dios, quien en medio de situaciones duras y difíciles, sabe dar una palabra de apoyo a Abraham y ofrecerle una salida de bendición a su sacrificio. Escuchar es estar atento a la voz del Padre, que nos habla por su Hijo y nos brinda en esta Cuaresma una Palabra de vida y transformación. Escuchar es aguzar el oído para saber descubrir un Evangelio en medio del dolor, la tribulación o la injusticia. Escuchar a Jesús, el Amado, que entrega su vida hasta la muerte para darnos la salvación. Necesitamos escuchar para conocer el plan de Dios sobre nosotros y realizarlo con decisión.

Y vivir. Vivir es poner por obra la Palabra de Jesús al bajar de la montaña y volver al plano de lo cotidiano, en la lucha y el encuentro diario con los hermanos. Vivir es construir la casa y la vida toda, sobre la Roca de una fe firme y el anhelo de responder lo mejor posible a quien se ha descubierto como el Centro y el Corazón de la vida. Vivir es importante para que nuestra fe no se quede en un sentimiento o en un deseo de cambio, pero se vuelva incapaz de dar obras que muestren la calidad de la experiencia que tenemos.

Ojalá durante esta semana hagamos un ejercicio sencillo de subir, admirar, escuchar y vivir: nuestra vida toda se llenará de energía y se transformará porque el Poder de Dios nos fortalecerá, su Palabra se volverá en nosotros una exigencia de vida y su paz será fuente de alegría y vitalidad.

“Señor, que sintamos tu llamada en medio de nuestras debilidades y miserias. Una voz que confía todavía en nosotros y nos propone una salida de bendición y de paz. Háblanos al corazón y déjanos contemplar tu rostro, para que nos llenemos de alegría y podamos realizar en nuestra vida tu Palabra que impulsa y renueva nuestra acción. Porque “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Si entregaste a tu Hijo hasta la muerte por nosotros, ¿Cómo nos darás con él todo lo que necesitamos para responderte? Amén”


P. Carlos Guillermo Álvarez, CJM



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