martes, 20 de mayo de 2014

Oracion Eudista de 19 de mayo de 2014

OREMOS EN ESTE MES DE MAYO DESDE LA COMUNIDAD EUDISTA DE BRASIL


Dijo cierta vez nuestro querido papa emérito Benedicto XVI: Mayo es un mes amado y agradable desde diversos aspectos”. Con efecto:

-- En la naturaleza, Mayo, en el hemisferio norte está marcado por el abrirse de las flores, es la llegada de la primavera; en tanto que en el hemisferio sur aun estamos en el otoño. En nuestro país no deja de ser un mes florecido, pues es el mes dedicado a las madres y a las novias.

-- En la Liturgia, Mayo pertenece al tiempo pascual, el tiempo festivo del aleluya, el tiempo de la revelación del misterio de Cristo a la luz de la Resurrección e de la fe pascual; y es el tiempo de la expectativa del Espíritu Santo, que desciende con fuerza sobre la Iglesia naciente Pentecostés.

Continua el papa Benedicto XVI: Con los dos contextos, el natural y el litúrgico, combina bien la tradición de la Iglesia de dedicar el mes de mayo a la Virgen María. Con efecto, ella es la flor más bonita que se abrió en la creación, rosa que surgió en la plenitud de los tiempos cuando Dios, enviando su Hijo, confirió al mundo una nueva primavera. Y es al mismo tiempo protagonista humilde y discreta, de los primeros pasos de la Comunidad cristiana: María es su corazón espiritual, porque su propia presencia en medio de los discípulos constituye la memoria viva del Señor Jesús y la prenda del don de su Espíritu” San Juan Eudes destacase como uno de los pocos santos que vivió, de forma admirable y ejemplar, una experiencia íntima y profunda con la Virgen María. Caminar en esta espiritualidad es seguir los pasos que llevan directamente al Corazón de Jesús que, con el Corazón del Padre, forma un solo corazón.

Nos dice San Juan Eudes: El Espíritu Santo, que es el Corazón del Padre y del Hijo, es, también, el corazón de María y de la Iglesia y tiene que ser también nuestro corazón. Por eso mismo nos exhorta a honrar a la Santa Madre de Dios con el espíritu y el pensamiento, considerando la santidad de su vida y la perfección de sus virtudes, tratando de reproducirlas en nosotros, especialmente su humildad, su caridad, su amor puro, su desprendimiento de todas las cosas, su pureza divina.

Por fin, San Juan Eudes nos recomienda honrar la Virgen María con alguna devoción como el santo rosario, pues él dice que nunca se repetirá suficiente el Ave María, porque nunca se proclamará suficientemente la memoria del misterio de la encarnación del Hijo de Dios en la Santa Virgen María. Así, amar a María y imitarla en sus virtudes, en su celo y entrega total a Jesús es uno de los ideales de la espiritualidad eudista.

Para meditar

Para San Juan Eudes, si existe una persona capaz de ayudar a formar Jesús en nosotros, esa persona es María. Consagrarse a ella aún en la adolescencia y lo hace de una forma muy cándida: dirigirse a una imagen de la Virgen expuesta en la capilla del colegio en que estudiaba y le pone un anillo en el dedo y otro anillo en el suyo. En el ofrecimiento del libro más importante de su vida escribe así:

En consecuencia, no puedo dirigir a ti mi mirada, Señor Jesús, sin contemplar aquella que está sentada a tu derecha, la que te formó, te glorificó y te hizo reinar siempre en ella de modo tan admirable y perfecto. La saludo y la venero, después te hizo reinar, después de ti, como tu madre gloriosa, madre de la vida y del amor y como a mi soberana señora y madre amabilísima a la cual pertenezco por razones innumerables:

Porque yo fui concebido, generado y educado, en un lugar que le pertenece de modo especial y por su intercesión me dio el ser y la vida. Pues mi madre, privada de hijos durante varios años, hizo votos en honra de su santa Madre y al sentirse atendida, me llevo, en compañía de mi padre, a un lugar a ella particularmente consagrado para cumplir su promesa, para darte gracias, y para ofrecerme y entregarme a ella y por ella a ti (...). En el día de tu Encarnación me concedió la gracia de hacer el voto de servicio perpetuo a ti y a tu Santa Madre. En este mismo día que varias iglesias celebran el martirio de la santa Virgen a los pies de tu cruz fui fui revestido del santo habito eclesiástico. Además, por una gracia especial de tu misericordia, celebré por la primera vez, o mejor, las tres primeras veces, el augusto sacrificio de la Misa, en el día en que tu Santa Madre te trajo al mundo y en un lugar a ella especialmente dedicado.

Por eso, sin hablar de muchas otras razones, me siento con particular obligación de consagrarme a ella. Así, Salvador mío, después de consagrarte este trabajo, permíteme ofrecerlo también a tu santa Madre, como homenaje a la vida transbordante de amor que tienes en ella y que ella tiene en ti.

Te ofrezco, pues, este libro, Madre de vida y de amor. Yo lo consagro a ti con todo el afecto de mi corazón, con todo lo que tiene realizado y realizará en mi la misericordia de Dios. Bendice, Madre de las bendiciones, la obra y el operario, bien como a todos que se servirán de ella. Preséntalos a tu Hijo Jesús, fuente de toda bendición. Ruégale que el mismo los bendiga y consagre a su gloria y a su puro amor.

Oremos con San Juan Eudes:


Elevación a Jesús para honrarlo en su Santa Madre

Oh Jesús, Hijo único de Dios, Hijo único de María:

Te adoro en lo que eres y en lo que hiciste en tu santísima madre.
Te adoro, especialmente, te amo, te glorifico, en lo que eres y realizasteis, en ella, en el misterio de su concepción, de su nacimiento, de su Presentación, etc.
Me alegro infinitamente, Oh Jesús, porque eres tan grande y admirable, tan glorificado y amado en tu dichosa Madre.
Te agradezco la gloria que te tributaste y tributarás para siempre en ella.
Te pido perdón, mi Salvador, por mis deficiencias en honrar a tu nobilísima Madre y haberle causado desagrado en mi vida.
Te ruego que suplas mis faltas y le tributes por mí la honra que yo hubiese debido tributarle.
Oh Jesús, reconozco que son tuyos los frutos de santidad y amor que produjiste en tu amabilísima Madre y te ofrezco la gloria y el amor que tributaron en ella por ella.
Me doy enteramente a ti, oh Jesus; destruye en mi lo que desagrada a tu Santa Madre. Entrégame totalmente a Ella. Faz que con mi vida y mis obras honre las suyas.
Comunícame el amor, el celo que tienes por su gloria, o mejor, por tu gloria en ella.
Hazme participar del purísimo amor que ella tiene por ti, de su ardiente celo por tu gloria, de su humildad y demás virtudes.
Finalmente, oh Jesús, mi Señor, dígnate servirte de mi para glorificar y hacer glorificar tu Santa Madre, o mejor, para glorificarte y hacerte glorificar en ella de todas las formas que te plazca.

Amén.





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