lunes, 4 de abril de 2016

« Le Christ est ressuscité des morts, par sa mort, il a détruit la mort, aux morts, il a donné la vie ! »

L’espérance s’est levée le matin du 3ème jour après la mort de Jésus. A vrai dire l’espérance
n’existait pas avant, elle née par la résurrection de Jésus d’entre les morts. Car tant que la mort et son cortège, le péché et le mal, font sentir leur emprise, l’espérance des hommes restent un rêve. Avec le Christ, l’espérance est devenue réalité.

Comprenons bien : l’objet de l’espérance demeure mais il n’est plus un rêve, il est ce qui sera et non ce qui serait. Il n’y a qu’une lettre de différence mais tout a changé ! Il est vrai que ce changement s’est produit comme la résurrection : dans la discrétion, sans éclat. C’est aussi par la même démarche du cœur de l’homme que l’espérance se reçoit comme la bonne nouvelle de la résurrection : par la foi nous accédons à la connaissance de Jésus ressuscité et ainsi nous atteignons enfin ce rivage où nous embarquons sur ce navire nommé espérance.

Cette nef qui brave les tempêtes et parcourt toutes les mers du globe est notre Eglise, pour avancer sans craindre vers le Royaume de Dieu. Les ministres ordonnés sont au service de cette traversée ; tels sont les séminaristes : ils se préparent à servir sans chercher leurs intérêts, en mettant de côté leurs goûts et leurs couleurs, pour se mettre tout entier au service des successeurs des Apôtres, témoins de ce jour nouveau qui s’est levé le matin de Pâques.

Alors, puisque le Christ est vraiment ressuscité, puisqu’Il guide son navire, allons de l’avant, sans craindre ! Il est si bon de pouvoir se donner en réponse à l’appel de Dieu qui nous choisit à son service. Rien n’est plus exaltant que de se donner totalement pour cette divine entreprise de salut du monde !

Joyeuses fêtes de Pâques : laissons-nous saisir par l’incroyable dynamisme du Christ Ressuscité !

Cherchons à vivre en communion avec Jésus Ressuscité en suivant l’invitation pressante de saint Jean Eudes : « Le Fils de Dieu doit être le seul principe de tous les mouvements, usages et fonctions de votre vie; vous ne devez vivre que de lui et pour lui, suivant ces divines paroles: Nul d'entre nous ne vit pour soi-même, comme nul ne meurt pour soi-même; si nous vivons, nous vivons pour le Seigneur, et si nous mourons, nous mourons pour le Seigneur. Donc, dans la vie comme dans la mort, nous appartenons au Seigneur. Car Jésus-Christ est mort et ressuscité, afin de régner sur les morts et les vivants (Rm 14, 7-9) » (Le Cœur admirable de la très sainte Mère de Dieu, OC VI p 115)


P. Jean-Michel AMOURIAUX cjm




O Sábado de Aleluia, na Capela Nossa Senhora do Perpétuo Socorro


 A celebração da Vigília Pascal, a mãe de todas as vigílias, aconteceu na noite de ontem, dia 26 de março, na Capela Nossa Senhora do Perpétuo Socorro, no bairro Guararapes, nas proximidades do Iguatemi, presidida pelo padre Johnja e iniciada fora da Igreja, em volta de uma fogueira, com o sacerdote abençoando o fogo novo e acendendo com ele o Círio Pascal.

Com as luzes da Igreja apagadas, o padre ergueu o Círio e proclamou três vezes: "Eis a luz de Cristo!" e todos responderam: "Demos graças a Deus!". Na segunda proclamação, os fiéis acenderam suas velas no fogo do Círio Pascal e entraram na Capela.


Todos permaneceram em pé, com as velas acesas e o padre Johnja incensou o Círio e proclamou a Páscoa. Depois da proclamação da Páscoa foram inciadas as leituras do Antigo Testamento e a da Carta de São Paulo aos Romanos 6,3-11, . intercaladas pelos Salmos e o anúncio do Evangelho de João 16, 1-7, O celebrante na sua homília aproveitou para dizer que "Vocês estão cansados. Foram muitas leituras, mas em compensação vocês viram toda a história da salvação". E ele também, convidou os fiéis a gritarem a plenos pulmões, quando chegassem em suas residência que Jesus Ressuscitou!

Na Liturgia Batismal após a bênção da água, assembleia renovou suas promessas batismais, sendo todos aspergidos com a água benta.

No final, os fiéis foram convidados a participar de um convívio ao lado da Capela, com todos se deliciando com salgadinhos, tortas, bolos e refrigerantes.







Peregrinación Eudista del Corazón: Abril


Seguimos avanzando en la Peregrinación del Corazón. Durante este mes iremos de la mano del Corazón de María.

Objetivo: Avanzar en el proceso de conversión personal.

Dinamismo: Pascua.

Tema: De la mano del Corazón de María.

Ave Cor: Corazón puro.

Obra de misericordia: Sufrir con paciencia los defectos de los demás.

Liturgia: Jesús Buen Pastor – Eudistas en salida al encuentro del prójimo.

PALABRA DE DIOS

Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 7, 36-50) - Perdonar mucho, amar mucho

En aquel tiempo un fariseo le rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando Jesús en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.

Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: Has juzgado bien, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.

Y le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. Los comensales empezaron a decirse para sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados? Pero Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Palabra del Señor

ESPIRITUALIDAD EUDISTA

LA FE (puerta para la misericordia)

El primer fundamento de la vida cristiana es la fe. Porque el que se acerca a Dios, ante todo debe creer (Hb. 11, 6); sin la fe es imposible agradar a Dios (Hb. 11, 6). La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena convicción de las realidades invisibles (Hb. 11, 1). La fe es la piedra fundamental de la casa y del reino de Jesucristo. Es luz celestial y divina, participación de la luz eterna e inaccesible, destello de la faz de Dios. O, para hablar conforme a la Escritura, es como una divina impronta por la que la luz del rostro de Dios se imprime en nuestras almas (Sal. 4, 7).

La fe es como una comunicación y extensión de la luz y ciencia divinas infundida en el alma de Jesús en el momento de su Encarnación. Es la ciencia de la salvación, la ciencia de los santos, la ciencia que Jesucristo sacó del seno del Padre y trajo a la tierra para disipar nuestras tinieblas e iluminar nuestros corazones. Él nos da los conocimientos necesarios para servir y amar perfectamente a Dios y somete nuestros espíritus a las verdades que nos ha enseñado, y nos sigue enseñando por sí mismo y por medio de su Iglesia.

Por la fe expresamos, continuamos y completamos en nosotros la sumisión amorosa y perfecta, la docilidad y el sometimiento voluntario y sin oscuridad que su espíritu humano tuvo en relación a las luces que su Padre eterno le comunicó y a las verdades que le enseñó. Esa luz y ciencia divinas nos dan el conocimiento perfecto, en cuanto compatible con las limitaciones de esta vida, de cuanto hay en Dios y fuera de él. La razón y la ciencia humanas a menudo nos engañan; sus luces son débiles y limitadas para penetrar lo infinito e incomprensible de Dios. Además se hallan entenebrecidas por el pecado y no perciben claramente ni siquiera las cosas externas a Dios. En cambio, la luz de la fe, participación de la verdad y de la luz de Dios, no puede engañarnos porque nos hace ver las cosas tal como están en su verdad y ante sus ojos.

De manera que si miramos a Dios con los ojos de la fe lo veremos en su verdad, tal cual es, y, en cierta manera, cara a cara. Pues aunque la fe vaya unida a la oscuridad y no nos permita ver a Dios con la claridad con que se le ve en el cielo, sino como a través de una nube, sin embargo no rebaja su grandeza a nivel de nuestros espíritus, como lo hace la ciencia, sino que penetra a través de sus sombras hasta la infinitud de las perfecciones divinas y nos hace conocer a Dios tal cual es, infinito en su ser y en sus perfecciones.

La fe nos hace conocer que cuanto hay en Dios y en Jesucristo, Hombre-Dios, es infinitamente grande y admirable, adorable y digno de amor. Nos hace palpar la veracidad y la fidelidad de las palabras y promesas de Dios que es toda bondad, dulzura y amor para los que le buscan y confían en él. Y de igual manera es riguroso con los que le abandonan porque es horrendo caer en manos de su justicia.

La fe nos atestigua que la providencia de Dios conduce los acontecimientos del mundo con santidad y sabiduría y que por lo mismo merece toda adoración y amor en lo que dispone, por misericordia o por justicia, en el cielo, en la tierra y en el infierno. Si miramos la Iglesia de Dios a la luz de la fe y pensamos que Jesucristo es su Cabeza y que el Espíritu Santo la guía, veremos que es imposible que pueda alejarse de la verdad ni extraviarse en la mentira (...).

Y si, con mirada de fe, nos examinamos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, descubriremos que por nuestras propias fuerzas no somos sino pecado y abominación y que las cosas del mundo son humo, vanidad e ilusión. Por eso debemos mirarlo todo, no en la vanidad de nuestros sentidos, ni con los ojos de la carne y de la sangre, ni con la vista miope y engañosa de la razón humana, sino en la verdad de Dios y con los ojos de Jesucristo.

La fe debe guiar todas nuestras acciones

Así como debemos mirar todas las cosas a la luz de la fe, si queremos conocerlas de verdad, también
debemos realizar nuestras acciones guiados por esa luz, para actuar santamente. Porque así corno Dios se conduce por su sabiduría divina, los ángeles por su inteligencia angélica, los hombres sin fe por la razón, los mundanos por sus máximas, los voluptuosos por sus sentidos, así los cristianos se conducen por la misma luz que guía a Cristo, su Cabeza, es decir, por la fe, que es participación de la ciencia y luz de Jesucristo.

Esforcémonos, pues, por adquirir, por todos los medios, la ciencia divina para guiarnos únicamente por ella. Con este fin, al comenzar nuestras acciones, sobre todo las más importantes, postrémonos ante el Hijo de Dios, adorémoslo como al que inicia y perfecciona nuestra fe y como a la luz verdadera que ilumina a todo hombre.

Por nuestra naturaleza somos tinieblas: las luces de la razón, de la ciencia y de la experiencia son, a menudo, sombras e ilusiones. Por eso debemos renunciar a la sabiduría mundana y rogar a Jesús que la destruya en nosotros. Que nos ilumine con su luz celestial, nos guíe con su sabiduría para conocer su voluntad, y nos fortalezca para adherirnos a sus palabras y promesas. Así cerraremos los oídos a todas las consideraciones humanas y preferiremos con valentía las verdades de la fe, que conocemos por su Evangelio y por su Iglesia, a los discursos mundanos de los hombres.

TESTIMONIO EUDISTA

SANTA JUANA (MARÍA DE LA CRUZ) JUGAN (1792-1879)

Nació en Cancale (Bretaña, Francia), el 25 de octubre de 1792, en plena tormenta revolucionaria. Fue
la sexta de una familia de ocho hijos. Su padre, pescador, como la mayoría de los hombres de su región, desapareció en el mar cuatro años más tarde. Su madre se quedó sola para mantener y educar a sus cuatro hijos (otros cuatro habían fallecido de pequeños).

De su madre y de su tierra natal Juana heredó una fe viva y profunda, un carácter firme, una fuerza de alma que ninguna dificultad podía hacer titubear. Como consecuencia del clima político y de las dificultades económicas, Juana no pudo ir a la escuela. Aprendió a leer y a escribir gracias a las terciarias eudistas, muy extendidas en la región, que le enseñaron el catecismo. Siendo aún niña, rezaba el rosario mientras guardaba el ganado en los altos acantilados que dominan la bahía de Cancale, en un marco de belleza que eleva y engrandece el alma. De vuelta a su casa, ayudaba a su madre en las tareas domésticas. A los 15 años, se iba a trabajar a cinco kilómetros de Cancale a una casa señorial; junto con la propietaria salía al encuentro de los más necesitados. Al ser ella misma pobre, percibía la humillación que sentían los pobres a los que "asistía".

Juana tuvo la certeza de que Dios la llamaba a su servicio. Por eso dejó sin esperanza a un joven marinero que la pidió en matrimonio y al que dijo: “Dios me quiere para él. Me reserva para una obra desconocida, para una obra que aún no está fundada". Trabajó durante seis años de ayudante-enfermera, e ingresó en la Tercera Orden del Corazón de la Madre Admirable (eudista), donde descubrió el cristianismo del corazón: “No tener más que una vida, un corazón, un alma, una voluntad con Jesús". Hizo la experiencia de una vida a la vez activa y contemplativa, centrada en Jesús. Desde entonces, sólo tenía un deseo: “Ser humilde como lo fue Jesús". Por motivos de salud, dejó el hospital y fue acogida por una amiga terciaria, la señorita Lecoq, a la que sirvió durante doce años, hasta su muerte en 1835.

Una tarde de invierno de 1839, Juana encontró a una pobre anciana, ciega y enferma, que acababa de quedarse sola. Conmovida, sin dudar un segundo, la tomó en sus brazos, le dio su cama y ella se instaló en el desván. Esta fue la chispa inicial de un gran fuego de caridad. A partir de entonces, nada la detuvo. En 1841 alquiló un local en el que acogió a doce ancianas. Varias jóvenes se unieron a ella. En 1842, adquirió —sin dinero— un antiguo convento en ruinas, donde muy pronto albergaría a cuarenta ancianos. Para poder hacer frente al problema económico y animada por un Hermano de san Juan de Dios, salió a la calle con un cesto en el brazo, se hizo mendiga para los pobres y fundó su obra confiando en la Providencia de Dios. En 1845, recibió el premio "Montyon", que la Academia Francesa otorgaba como recompensa al "francés pobre que haya hecho durante el año la acción más virtuosa". Siguieron las fundaciones de Rennes y Dinan en 1846, la de Tours en 1847, la de Angers en 1850, por mencionar sólo aquellas en las que Juana participó, ya que pronto la congregación se extendió por Europa, América y África y, poco después de su muerte, por Asia y Oceanía.
En 1843, cuando Juana volvió a ser elegida superiora, el padre Le Pailleur, consejero desde los comienzos de la obra, inesperadamente y con su sola autoridad anuló la elección y nombró a Marie Jamet (21 años) en su lugar. Juana vio en ello la voluntad de Dios y se sometió. Desde ese momento y hasta 1852, sostuvo su obra por medio de colectas, yendo de casa en casa, animando con su ejemplo a las jóvenes hermanas sin experiencia, y obteniendo las autorizaciones oficiales necesarias para el desarrollo del instituto.

En 1852, el obispo de Rennes reconoció oficialmente la congregación y nombró al padre Le Pailleur superior general de la misma. Su primer acto fue llamar definitivamente a Juana Jugan a la casa madre, donde vivió retirada los últimos veintisiete años de su vida. ¡Misterio de ocultamiento! Durante todo ese tiempo, las jóvenes hermanas ni siquiera sabían que ella era la fundadora. Pero Juana, viviendo entre las novicias y postulantes, cada vez más numerosas a causa de la extensión de la obra, transmitía con su serenidad, su sabiduría y sus consejos el carisma de la congregación que ella había recibido del Señor.

Murió el 29 de agosto de 1879, después de haber pronunciado estas últimas palabras: “Padre eterno, abrid vuestras puertas, hoy, a la más miserable de vuestras hijas, pero que tiene un deseo tan grande de veros... ¡Oh María, mi buena Madre, ven a mí! Tú sabes que te amo y cuánto deseo verte".

La congregación contaba entonces con 2400 religiosas y 177 casas repartidas en tres continentes. "Si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto".

Fue beatificada por san Juan Pablo II el 3 de octubre de 1982.






viernes, 1 de abril de 2016

Easter Sunday Reflection

Resurrection and Resilience

by: Ron Calderon [cjm]

Today we celebrate Jesus’ rising from the dead. The most important event in the New Testament and the most central reality for all the Christian faithful. When Jesus resurrected on that first Easter morning, he conquered sin and death and, from that moment, has been conquering death for all who believe in him.

Christ’s resurrection is the moment in history when Jesus showed the way to eternal life. This is the ultimate reason why he asked people to follow him in the gospels. He declared that the secret to the truth of our existence is through our discipleship to his very person. Through the resurrection, Christ’s message clarifies that we are not only meant for this world. This is a great mystery that lifts our fragile, weak and finite life on earth into eternity. It is the completeness of the declaration in scripture that humans are created from earth but nevertheless in God’s image and likeness.

The salvation through Jesus Christ's resurrection is for all but the key to attaining his saving power from the decay of earthly life lies in our openness to his word, to his truth, to his person. St. Peter in the first reading tells us that “…This man God raised on the third day and granted that he be visible, not to all the people, but to us, …, who ate and drink with him after he rose from the dead.” We, in our time, could understand it that to be a disciple of Christ, to see him and to claim his promise of victory over sin and death means to live in whole-hearted acceptance of Jesus as a true friend. “…to eat and drink” with our Lord means to share our life with him as part of our family. When this takes place from the depth of a person’s heart, Jesus will not hesitate to reveal himself and to share in his resurrection. Thus, we can say that God’s chosen ones are the ones who chose to be God’s friend.

How could we achieve a personal and familial relationship with Christ? We can do this in living the
resurrection in our day-to-day. With patience and perseverance in our faith in the Risen Lord, our daily victories over the challenges and sufferings of life make us more and more his disciple and friend. A maturing person in Christ leads an ascending path in seeing more clearly the face of Christ once veiled by the cloth of sin and darkness. We have to accept that this veil is hard to set aside. At times, we easily succumb to sin and so are drawn back into darkness. Though our efforts lead us to go back and forth in our pursuit in seeing Christ’s face, we need not worry. Jesus resurrected precisely so that he can be present even to us, the present generation. He is constantly at our side in our struggle to discipleship so we should not lose hope. In the later part of the resurrection narrative of John, Christ appears to Mary Magdalene to comfort her in sadness. The same way, when we fall in the brink of hopelessness, Christ will be there to comfort us.
The key to our journey to discipleship and to reach our goal of unlocking life’s meaning could be summarized in the phrase “hopeful resilience.” To desire a share in Christ’s resurrection, we are invited by our personal God to live with a patient and persevering faith and be conscious that in everything we do for ourselves, for the people around us and for the earth, we choose the way of Jesus in his virtues of love, kindness, mercy and humility. Remember that Jesus is with us waiting patiently so that the veil in our eyes could eventually be rolled aside so that we may see the fullness of his glorious eternal face at the end.







Vivants pour Dieu en Jésus Christ

Homélie de Mgr Crepy lors de la veillée pascale, le 27 mars 2016 en la cathédrale Notre-Dame du Puy.

Nous venons d’entendre, avant l’évangile, saint Paul nous dire : « Frères, nous tous qui par le baptême avons été unis au Christ Jésus, c’est à sa mort que nous avons été unis par le baptême… mis au tombeau avec lui, c’est pour que nous menions une vie nouvelle, nous aussi, comme le Christ qui, par la toute-puissance du Père, est ressuscité d’entre les morts… vous êtes vivants pour Dieu en Jésus Christ. » (cf Rm 6, 3ss). Nous sommes là au cœur de notre foi et toute la liturgie de cette veillée pascale exprime cette donnée centrale de notre foi où, par le baptême, nous passons – Pâques, le passage - de la mort à la vie. Tout ce que nous venons de vivre et tout ce que nous allons vivre dans cette célébration nous dit ce grand mystère du baptême où nous entrons dans la vie de Dieu, car plongés dans la mort et la résurrection de Jésus. Nous avons commencé dans la nuit sur les marches de la cathédrale ; nous avons allumé le cierge pascal – le cierge qui brille à chaque baptême – puis nous avons pénétré dans une cathédrale bien sombre qui peu à peu s’est éclairée jusqu’à la proclamation de l’évangile de la résurrection. Dans quelques instants, trois catéchumènes seront baptisés et nous tous, baptisés, nous renouvellerons les promesses de notre baptême, puis nous célébrerons l’Eucharistie où le Ressuscité se donne à nous et nous serons invités comme les disciples à suivre les pas du Ressuscité.

Ainsi, fêter la résurrection du Christ, c’est aussi fêter la grandeur et la dignité de notre baptême par lequel nous entrons définitivement dans une vie d’union avec Dieu. La nouveauté chrétienne s’enracine dans la joie de Pâques. Nous comprenons pourquoi Jésus avant de quitter ses disciples leur dit : « Allez ! De toutes les nations faites des disciples : baptisez-les au nom du Père, du Fils et du Saint-Esprit. » (Mt 28,19), car il s’agit bien de proposer à tout homme de découvrir et de vivre une relation forte et vivante avec Dieu lui-même… et ceci constitue une bonne nouvelle !

Dans le baptême prend source l’union au Christ ressuscité, union que chaque baptisé est appelé à déployer dans toute son existence. Ainsi l’entrée dans l’Eglise par le baptême ne peut se dissocier d’une existence en communion avec Dieu, mais attention nous ne sommes baptisés au nom de Dieu, ni au nom de la Trinité, nous sommes baptisés au nom du Père, c’est-à-dire comme Jésus – comme nous le voyons tout au long de l’Evangile - nous nous savons aimés, personnellement comme les enfants du Père. Nous sommes baptisés au nom du Fils : nous devenons frères et sœurs du Fils bien-aimé. Nous sommes baptisés au nom du Saint Esprit. Par Jésus, avec la force de l’Esprit, nous découvrons le Père. Nous participons à la vie même de Dieu, à l’amour qui unit le Père et le Fils dans l’Esprit. Il est important dans notre prière et dans l’expression de notre foi de vivre ce mouvement incessant de l’amour en Dieu… comment je prie ? A qui est-ce que je m’adresse dans ma prière ? Est-ce que j’apprends à prier avec Jésus ?... La Trinité peut rester quelque chose d’obscur ou au contraire si nous partons de Jésus, nous allons avec lui vers le Père nous laissant guider par l’Esprit. C’est cela cette vie nouvelle qui nous est offerte par notre baptême.
Aujourd’hui, bon nombre de personnes – jeunes et moins jeunes – sont en quête d’intériorité, de vie intérieure, du souci d’habiter leur existence par un sens solide et heureux. Proposer la foi – en ces temps de nouvelle évangélisation – demande de répondre à ces attentes. Il nous faut alors oser parler et proposer la vie baptismale comme un chemin d’intériorité, un « cœur à cœur » avec le Christ. Annoncer la Résurrection, c’est proposer la vie chrétienne comme un attachement fort – total – à Jésus-Christ. L’évangélisation, c’est cette vie du Christ, communiquée au monde, que tout homme peut accueillir en lui-même. C’est l’appel à suivre le Ressuscité et nous mettre à son école.

Puissions-nous tous, au cours de cette grande célébration pascale, reprendre vraiment conscience que notre baptême est la porte d’entrée dans la vie même avec Jésus. Prenons conscience et rendons grâce de la nouveauté extraordinaire que constitue la vie baptismale : vivre une intimité avec Dieu lui-même. Prions l’Esprit Saint pour Tania, Maryna et Nicolas qui, dans quelques instants, vont entrer dans la vie de Dieu !






Creación de la comunidad local eudista Michel Gérard en Salvador de Bahía, Brasil


Con el envío de un tercer eudista se constituyó la comunidad local que quiso tomar el nombre de nuestro anterior Superior General ya fallecido, el P. Michel Gérard. La comunidad local quedó constituida por los Padres Amado Vanegas y Marcos Vinicius Studart, y el diácono Cleriston Mendes.

El lunes 28 de marzo, en solemne celebración eucarística presidida por el P. Fidel Oñoro, Vicario General, y quien se encontraba haciendo la visita canónica, el P. Amado Vanegas tomó posesión del cargo de Superior Local de dicha comunidad. En esta misma celebración renovaron su compromiso como Asociados Eudistas 12 laicos de esta ciudad brasileira, la que lleva el título de sede primada del Brasil.


Desde hace 15 años, cuando los eudistas terminaron su trabajo en el Seminario Mayor de Salvador de Bahía, los Padres Pedro Pablo Múnera y Andrés Arango comenzaron un servicio de evangelización y de liturgia en el barrio Imbuí, un barrio de clase media de la ciudad. La parroquia aquí construida, dedicada a la patrona del Brasil, Nuestra Señora de Aparecida, fue reconstruida por el P. Marcos Vinicius Studart, quien también se ha empeñado en la construcción de un inmenso Centro de Evangelización al lado del templo. Los eudistas que han trabajado en esta parroquia pertenecían a la comunidad local de Fortaleza, desde ahora forman la Comunidad Local Michel Gérard, el inolvidable eudista que a los 70 años dejó su natal Francia para abrir nuevos caminos al Evangelio en el inmenso Brasil.





Respect All life

This is the 5th year the Carisma youth group has done the 10mile Lenten Walk. We walk from St. Patrick Church to Prince of Peace Abbey in Oceanside. There are 4 stations along the way, the 5th is at Pricen of Peace. At each station we pray a decade of the Holy Rosary with different intentions.

We pray for vocations, cancer patients, and end to abortion, world peace, persecution of Christians, the elderly, the sick and dying, those with addictions, people in prison. We thank FR. Bill and Fr. Juan for their blessings and support. We thank the parents who helped us make this possible and Mariscos Ensenada for feeding us for the 5th year. God bless you all!

Ya es el 5to año que el grupo juvenil Carisma lleva a cabo la Caminata Cuaresmal de 10 millas. En el camino hay 4 estaciones y la 5ta está al final de la caminata, en Príncipe de la Paz en Oceanside. En cada estación rezamos una década del Santo Rosario. Pedimos por las vocaciones, por las personas con cáncer, las personas con adicciones, los ancianos, los enfermos, los agonizantes, por el fin del aborto, por los prisioneros, por el fin a la persecución de cristianos, y por las familias. Agradecemos al Padre Bill y el Padre Juanito por su apoyo.

También agradecemos a los padres de estos jóvenes por su apoyo y gracias a Mariscos Ensenada por alimentarnos por el 5to año consecutivo. ¡Dios los bendiga a todos!